martes 13 de marzo de 2012

QUE SE LO EXPLIQUE UN NIÑO PEQUEÑO. NO AL MERCADILLO DE LOS SÁBADOS

 Hace unos días llega mi hijo hasta mi silla delante del ordenador con sus construcciones desde la habitación donde guarda sus juguetes. Su objetivo estaba claro: "¿juegas conmigo a hacer una torre? A ello nos pusimos. Primero hicimos una buena base con las piezas más grandes del juego sobre las que íbamos poniendo las más pequeñas y hacer la torre más alta que fuéramos capaces. Llegamos a colocar todas las piezas del juego, pero él quería llegar más alto. Empezó a quitar algunas piezas de la parte de abajo para ponerlas arriba. Así la torre sería más alta, luciría más y nosotros quedaríamos como unos constructores brillantes. No llegamos a quitar más de 3 piezas de abajo para hacer la torre más alta cuando se nos vino abajo toda la construcción. Habíamos cometido el error de tocar piezas importantes para sostener el resto y sin las cuales era imposible hacer una torre en condiciones. ¿Sábéis que pasa ahora cuando vamos a hacer una torre? No me deja quitar las piezas de abajo, las más grandes e importantes, porque sabe que sin ellas no hay torre.

En Cabeza del Buey hay quien cree tener ideas brillantes con el objetivo de lucir más y han organizado un mercadillo los sábados con un número importante de puestos ambulantes. Creen que han descubierto la pólvora y eso es más antiguo que el hilo negro. Lo que no entiendo es cómo no ven y entienden lo que ya entiende hasta mi hijo de 3 años, que si sacrificas piezas importantes de abajo de la torre con la excusa de llegar más alto, se acabó la torre. Es decir, que si sacrificas días importantes de ventas de nuestro comercio local, se está matando al comercio local. Y aquí no estamos jugando a nada. Aquí no hay solución, aquí cuando la torre se caiga no se puede volver a montar.

El comercio local, que en Cabeza del Buey es un sector mucho mayor que en la gran mayioría de localidades como la nuestra, es una pieza clave, un muro de carga, una piedra angular, que en los tiempos que corren no deberíamos tocar porque corremos el riesgo de echar abajo una buena torre como la nuestra.

A los que cada mañana abren la persiana de su negocio, que tienen experiencia y se juegan lo suyo todos los días, no les han escuchado. Al PSOE, con experiencia de gobierno y que sabe lo que hay, tampoco. A mí quizá no me crean porque dirán que sólo quiero hacerles daño político. Por favor que se lo explique un niño pequeño, que les aseguro que sabe lo que pasa. Por favor, que se lo explique algún familiar cercano de confianza, que alguien tiene que haber con menos ganas de experimentar y más experiencia que contar.

martes 29 de noviembre de 2011

SEMANA (Y PICO) DESPUÉS DEL 20N

Después de las elecciones, despuès del resultado y después de las cosas que se han dicho y oido en campaña, casi es más importante pararse a reflexionar después, que antes de las mismas. El PSOE perdió cuatro milllones y medio de votos y el PP sumó 550.000 más que hace cuatro años. Resultado: mayoría absoluta de los de Rajoy. Ahora toca rehacer el proyecto socialista por encima de los nombres que lo encabecen, porque va a ser duro afrontar la que se nos viene encima, empezando por la reforma laboral que ya se propone Rajoy antes de gobernar. Para luchar harán falta ideas claras, contundentes y realistas sobre cómo haríamos las cosas: sanidad, dependencia, educación, impuestos, fomento de la contratación, protección social, ley electoral, etc.

La campaña no ha sido fácil como militante de base, porque uno espera pelear, en el buen sentido de la palabra, con la derecha que trata de acceder al poder para, con la excusa del momento, llevar a cabo las reformas que siempré soñó. Sin embargó ha habido que escuchar un ataque desde la izquierda que intentaba transmitir de que los dos grandes partidos son lo mismo y que han preferido jugar a dividir la izquierda antes que jugar a combatir a la derecha con la excusa de acabar con el bipartidismo. Tenemos mucho que hablar entre nosotros, entre la izquierda.

Yo, que me siento profundamente de izquierdas, socialista convencido, me reafirmo más que nunca en mi ideología y en mis siglas, y más cuando viví la jornada electoral en una mesa como interventor. Allí tuve la oportunidad de seguir aprendiendo cosas junto a compañeros del partido que ya puedo llamar "históricos". Mi compañero de partido, interventor, dice que no necesita justificante para librar unas horas al día siguiente; dice que irá como siempre a su hora. Tuve la oportunidad de ver, una vez más, el trato de mis compañeros con la gente, su cercanía y la confianza generada en años de convivir y saber cada uno que ha estado haciendo el otro en todo ese tiempo. Además, me sigue reafirmando en mis ideas verle la cara a la gente al ir a votar. La inmensa mayoría son trabajadores y trabajadoras de lunes a domingo en casa o fuera de ella. Al ver las manos de muchos y estrechar las de otros y al cruzarme con su mirada pienso otra vez que tengo más que aprender yo de ellos que ellos de mí.

Al final, recuento de votos y se confirma: el PSOE obtiene más del doble de votos en la mesa que la segunda fuerza, el PP. En el recuento general de Cabeza del Buey también gana el PSOE. No estoy equivicado, yo soy de esta gente que ha ido a votar a mi mesa y a los que he visto de cerca.

Al llegar a la sede del PSOE pasadas las 23:00 horas, me sigo reafirmando en mis convicciones ideológicas, allí están los míos, los que están a las duras y a las maduras, los que, como la mayoría de caputbovenses saben lo que ha significado y significa votar PSOE, votar izquierda. Este partido podrá equivocarse, y mucho. Podrá defraudar, y mucho, pero es el partido de la gente corriente, que tiene 132 años de historia y los que le quedan por delante.

viernes 18 de noviembre de 2011

LO ÚNICO QUE NOS QUEDA ES EL VOTO

Está claro que los ciudadanos de a pie no tenemos el poder económico. También está claro que fue una equivocación tremenda aquella decicisión política de que el mundo financiero no necesitaba reglas porque sólo se regulaba. A raíz de aquello empezamos a perder también, los ciudadanos, el poder político. Es decir, tenemos la misma capacidad para emitir un voto pero nuestros representantes tienen menos capacidad para tomar decisiones al estar sometidos a los famosos mercados. Sí, los mercados, ese cúmulo de intereses que no fabrican nada pero que pueden asfixiar a los ciudadanos si se lo plantean y que están formados por fondos de inversión, fondos de pensiones y especuladores en general sin escrúpulos.

Vivimos tiempos donde estos mercados quitan y ponen Presidentes y Primeros Ministros de Estados como Italia o Grecia sin elecciones de por medio. Aquí, en España, de momento hemos resistido a esa batalla final y de momento decidimos en las urnas quien queremos que dirija el país.

Pero hay que cambiar el modelo. Hay que deshacer esa fatal decisión política de la "no regulación de los mercados"que impera en el mundo. Y eso se puede hacer con otra decisión política. Intervención pública de los Estados y de Europa para poner límites, para decirles lo que se puede hacer y lo que no.

Este último párrafo, en el que creo al 100%, lo dice cada día un político español, candidato a la Presidencia del Gobierno. El mismo que dice que hay que poner un impuesto a la banca, a las grandes fortunas y hacer más efectivo el de las sociedades de inversión. El mismo que propone mejorar el impuesto de patrimonio y que sabe que hay que recaudar más a los que más tienen para ayudar a los que más lo necesitan, los que han perdido su empleo. El mismo político que sabe que la sanidad está en peligro si no se financia bien y por eso hay que recaudar más y obligar a las Comunidades Autónomas a dedicar a sanidad el 100% de lo que les da el Estado para ese fin.

En el cambio de modelo debe incluirse una modificación de la  Ley Electoral para hacer más perfecta la democracia y que el porcentaje en votos se convierta en porcentaje en escaños. Además hay que dar mayor capacidad decisoria a los ciudadanos promoviendo las listas abiertas en las candidaturas de los partidos y así cada ciudadano puede elegir primero a quien mejor cree que le representa.

Este párrafo, en el que también creo al 100%, lo dice cada día un político español, candidato a la Presidencia del Gobierno. El mismo que propone abaratar la contratación, mejorar la lucha contra el fraude fiscal o ahondar en la progresividad de los impuestos de forma general en nuestro pais. Y el mismo que defiende una de las leyes más importantes que tenemos, la Ley de Dependencia o, como me gusta más, Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia y a sus familias.

Como no tenemos el poder económico, el político está en peligro, y como coincido con este político en todo esto y en muchas cosas más, el domingo iré a votar. El domingo le echaré un pulso al poder económico, votaré al poder social y al único que puede cambiar las cosas. Votaré a Rubalcaba y al PSOE y al día siguiente, pase lo que pase sabré que peleé todo lo posible por lo que quiero.

miércoles 16 de noviembre de 2011

CICATRICES

     Diría que incluso hay cicatrices buenas y malas. Que hay cicatrices que uno puede llevar descubiertas sin miedo a que nadie le pregunte el por qué y cicatrices que mejor tapar porque esconden alguna fechoría que encima te dejó marca. De quien dice no llevar cicatrices no se qué decir, porque no me lo creo. Seguro que las lleva tapadas. Mala señal.

     El otro día, viendo el debate entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Rajoy, pensaba en la postura que adoptaba cada uno y el por qué. Creo que había dos políticos con cicatrices bien distintas.

     Uno presentaba las espinillas llenas de patadas, las manos llenas de arañazos, incluso la espalda un poco más encorvada, probablemente por algún tarascazo por detrás de los que no te esperas o del exceso de carga. Ese era el de la izquierda de la imagen, Rubalcaba. Por no hablar de su aspecto casi famélico. La lucha contra la crisis, el paro, la lucha contra el terrorismo, el estar al pie del cañón o el cargarse a la espalda los problemas para buscar soluciones y no culpables, podrían ser parte de las causas.

     El otro parecía más lozano, más altivo, como un recién llegado que no ha sufrido el calvario de los últimos años y que dice tener soluciones para todo, como en la teletienda, pero sin anunciar producto alguno. No muestra cicatrices a simple vista, dice que no tiene, que toda su andadura política ha sido un camino de aciertos y se refiere a 1996 como punto de referencia constantemente. Deja entrever algunos parches que tapan lo que parecen cicatrices o, más bien heridas. Lo que pasa es que la más grande la tiene en la zona del cuerpo sobre la que nos apoyamos cuando nos sentamos, el isquion. Pero no sólo ahí, sino que parece que más arriba en la zona del sacro, parte en permanente contacto con la cama o la tumbona también hay cicatrices o heridas. Yo diría que son escaras, úlceras por presión, que suelen aparecer en quienes permanecen inmóviles por necesidad o por naturaleza. Este, por la pinta, las tiene por la segunda razón. Estas escaras, le han dicho sus asesores que las esconda, porque demuestran inmovilismo y recuerdan a la gente las viñetas de Peridis donde sale fumando un puro y esperando siempre a que algo o alguien lo lleve al poder.

    Entre quien presenta cicatrices limpias y visibles y quien presenta escaras cargadas de pasividad me quedo con el primero.

   Entre quien promete subir impuestos a los que más tienen y crear un impuesto a los bancos para salvar la Sanidad Pública y quien dice que va a bajar los impuestos, me quedo con el primero.

   Entre quien hizo y apoya la Ley de Dependencia y quien dice que es inviable, me quedo con el primero.

  Entre quien propone abaratar la contratación haciendose cargo el Estado de los gastos de seguridad social de los nuevos trabajadores y quien cree que abaratar el despido es lo mejor, me quedo con el primero.
   
Entre quien se dejaba la piel por acabar con ETA y quien le acusaba de traicionar a las víctimas me quedo con el primero. Él no lo podrá o querrá decir pero yo lo digo bien alto: con el terrorismo no han sido leales y el propio Rajoy o Mayor Oreja o el diputado descarado de cada miércoles, seguían atacando diciendo que se cedía ante ETA, que se daban chivatazos o que se traicionaba a las víctimas. Nos los he escuchado pedir disculpas.

De cicatrices está el mundo lleno, pero de escaras también. Elijamos las mejores.